Motivos para estimular a los niños a ser árbitros

Ser árbitro implica como mínimo tener un conocimiento del juego muy amplio y profundo y por lo tanto es una opción muy atractiva a tener en cuenta por todos los jugadores de fútbol.

Los clubes de fútbol podrían destinar parte de sus recursos a formaciones internas para ser árbitro dirigidas a los niños y niñas de su club o de fuera de él. En este sentido, transmitir estos conocimientos a los jugadores y que los niños sepan que una buena opción para su futuro deportivo es convertirse en árbitro, es algo que se podrían plantear todos los clubes o asociaciones deportivas. Otra opción interesante podría ser compaginar la función de árbitro con la práctica del fútbol en el caso de que se quisiera seguir siendo jugador.


Muchas veces hemos escuchado la frase que dice que para ser un gran entrenador primero es necesario haber sido jugador de fútbol. Sea cierta o no, los entrenadores que previamente han sido protagonistas dentro del terreno de juego, tendrán otros puntos de vista y otras perspectivas adicionales para actuar en función de la situación. Si la experiencia previa puede servir para los entrenadores o miembros del cuerpo técnico, probablemente servirá también para las personas que acaban convirtiéndose en árbitros de fútbol.


La función de árbitro requiere un elevado grado de concentración, una capacidad para controlar las emociones, un control absoluto de las reglas del juego, una buena condición física para seguir correctamente el desarrollo del juego y tener un buen posicionamiento en el campo y una firmeza tajante en la toma de decisiones. Además, es básico que un buen árbitro sea imparcial y muestre cierto entusiasmo por labor. Para que se considere bueno un arbitraje, el colegiado también debe permitir el desarrollo del juego interrumpiéndolo únicamente para hacer cumplir las reglas.


Con los requisitos que acabamos de ver, podemos observar que intentar ser un buen árbitro ya implica una serie de principios y valores deseables para cualquier persona. Si ser un gran jugador de equipo y un buen entrenador puede tener implicaciones positivas en la vida de todos los implicados fuera del deporte, ser un gran árbitro también puede tener consecuencias favorables. Además, los jugadores que también son árbitros pueden acabar siendo mejores jugadores y más completos porque acaban entendiendo más ampliamente las reglas de juego.


Lamentablemente sabemos y debemos tener en cuenta que en la actualidad todo lo relacionado con la figura del árbitro no es espléndido. La presión que tienen, la posición en la que se encuentran, la falta de empatía de la que disponen o las continuas faltas de respeto a las que se enfrentan son algunos de los elementos que lleva consigo el ser árbitro a día de hoy. Sin embargo, esto no debería ser un motivo para inclinar la balanza por el lado negativo ya que con la ayuda de todos los implicados las cosas van mejorando progresivamente.


En definitiva, es una buena opción que desde pequeños los niños y niñas que jugan a fútbol sepan que ser árbitro es una alternativa o posibilidad para seguir aprendiendo aspectos en el mundo del fútbol que podrán ser útiles también para sus vidas fuera de él.

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