La competitividad en el fútbol base

Uno de los rasgos que caracterizan el deporte en general y el fútbol en particular es la competitividad. Si se fomenta en su justa medida ayudará a los jugadores en el proceso de desarrollo pero si se potencia en exceso puede ser perjudicial no solamente en la vida deportiva de los mismos.

La competencia o rivalidad es un aspecto que está presente no solo en el deporte ya que en el colegio, en el trabajo o incluso en general con los amigos y familiares, la rivalidad bien entendida está adquiriendo mucha relevancia. El fútbol y cualquier otra práctica deportiva lleva instrínseca la competitividad en la disputa de un balón, en el deseo de jugar como titular, en la defensa de un córner o cuando se dispara a portería y es por ese motivo que siendo un aspecto a potenciar, los entrenadores y padres deben saber canalizarla para que acabe afectando positivamente a los más jóvenes. Un buen punto de partida es establecer la competitividad como una forma de mejorar las capacidades técnicas, tácticas y físicas individuales con el único objetivo de que los jugadores se conviertan en mejores futbolistas y lo más completos posible. 


Es por ese motivo que si el entrenador dirige erróneamente esta competencia o rivalidad estará fomentando una conducta negativa en su plantilla. Si por ejemplo el cuerpo técnico basa la competitividad de su equipo según el grado de agresividad en las disputas del balón, estará transmitiendo una idea desacertada de un aspecto necesario en cualquier deporte.


Contrariamente a los beneficios que pueden darse al intentar superar ciertas barreras emocionales o al intentar mejorar día a día para encontrar la mejor versión de un mismo, pueden aparecer una serie de perjuicios si se fomenta una competitividad negativa. El aumento de la ansiedad, que disminuya la diversión en la práctica del fútbol o la aparición de estrés y problemas psicológicos pueden resultar de potenciar la competencia con un mal enfoque. 


La competencia sana también ayudará a los jugadores a reaccionar más rápido e incrementarán sus niveles de atención cuando estén entrenando o disputando los partidos. Practicar este tipo de rivalidad contribuirá de algún modo a seguir motivado para conseguir los objetivos marcados. La perseverancia, el esfuerzo constante y la paciencia acabarán por definir el correcto procedimiento de la competitividad. Y por último, si la diversión se mantiene e incluso si los jugadores se alegran de los éxitos y logros de los compañeros principalmente y reconocen el de sus rivales, tanto la plantilla como los padres y entrenadores estarán entendiendo la competencia de forma saludable.



Volver
Contenido relacionado